Las letras del arte de Tlaxcala

*La típica artesanía de la madera tallada originaria de Tizatlán se convirtió en un símbolo de identidad único en su tipo para la ciudad de Tlaxcala; cada letra tiene plasmada la historia, tradiciones y símbolos de la cuna de la nación

Nayeli Vélez

Tlaxcala, Tlax.- Las letras monumentales se han convertido en símbolos modernos de identidad para las ciudades, ofreciendo a los turistas una forma llamativa y colorida de inmortalizar sus viajes.

En Tlaxcala, estas estructuras trascendieron de su función habitual y se convirtieron en una expresión única de tradición y pertenencia que capturan la esencia del estado a través del arte.

Las letras monumentales de la ciudad de Tlaxcala están elaboradas en madera tallada, técnica prolífica de la comunidad de San Esteban Tizatlán, lugar reconocido por sus piezas elaboradas en tlaxistle; una planta emblemática que crece en los cerros de esta localidad.

Por sus propiedades y maleabilidad, este material es ideal para labrar toda clase de artesanías, que van desde mascaras de huehue, teponaxtles, bastones de mando y gran variedad de artefactos ornamentales y utilitarios, como juguetes, portalápices y hasta instrumentos de cocina.

La magnífica pieza monumental guarda en cada una de sus letras, aspectos iconográficos fundamentales para conocer la historia, costumbres, tradiciones, personajes y pasajes de la vida cotidiana del pueblo de Tlaxcala.

En la primera letra, destacan los glifos que representan a los Cuatro Señoríos de la Antigua República de Tlaxcallan: Tepeticpac, Tizatlán, Ocotelulco y Quiahuiztlan; símbolos son un homenaje a la resistencia política que Tlaxcala mantuvo frente a la llegada de los españoles.

En la “L” se aprecia la figura de Xicohténcatl, “El Joven” y una alegoría al sacrificio del guerrero Tlahuicole; dos de los personajes históricos claves para entender el tesón y la valentía de los guerreros tlaxcaltecas y también, algunos elementos del tianguis de Ocotelulco, uno de los puntos comerciales más importantes en la organización del Tlaxcala prehispánico.

En la tercera letra, se rinde tributo a Camaxtli, dios de la guerra, junto con escenas de las guerras floridas tlaxcaltecas. Por su parte, la “X” representa el encuentro de dos culturas: la figura de Hernán Cortés y La Malinche, acompañados de antiguos guerreros tlaxcaltecas. Esta letra también simboliza la influencia lingüística española, que introdujo este carácter distintivo al idioma náhuatl.

En las letras posteriores de esta pieza, se encuentran plasmadas joyas arquitectónicas y monumentos que le otorgaron a Tlaxcala el reconocimiento de la UNESCO como patrimonio histórico de la humanidad, como el Conjunto Conventual Franciscano y Catedralicio de Nuestra Señora de la Asunción.

Se encuentra la representación de tradiciones y costumbres arraigadas en esta tierra, como la elaboración y ofrenda de pan de muerto, distintivos de la riqueza natural como el espectáculo de las luciérnagas en Nanacamilpa y finalmente uno de los baluartes de la fiesta brava en Tlaxcala: La plaza de toros Jorge Aguilar “El ranchero” custodiada por la torre exenta del convento franciscano.

La penúltima “L” celebra prácticas como la fiesta brava y la charrería, profundamente arraigadas en la cultura popular desde la época colonial.

Finalmente, la última reúne elementos distintivos de la identidad tlaxcalteca: los títeres de la compañía Rosete Aranda, el barro bruñido y los bastones tallados en madera de Tizatlán.

Las ocho letras están asentadas sobre una base que combina las imágenes de Quetzalcóatl, la “Serpiente Emplumada”, y el Hombre Jaguar, figuras emblemáticas de los murales de la zona arqueológica de Cacaxtla. Esta fusión representa la riqueza cultural e histórica de Tlaxcala y su conexión con el México prehispánico.

Las letras monumentales de Tlaxcala son el punto obligado para los visitantes de la capital, y representan el legado cultural que honra la identidad, la historia y las tradiciones de la tierra de Xicohténcatl y reivindican la historia de un pueblo considerado cuna de la nación mexicana.

Al contemplarlas, tanto los visitantes como los habitantes, encuentran un recordatorio tangible del orgullo tlaxcalteca, arraigado a sus raíces para dejar una huella en las generaciones futuras.

 

 

 

 

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